Aclarando el Alma


A tenor de las confusiones generalizadas sobre el Alma, precisa aclararse (sin adentrarse en definiciones metafísicas, religiosas o filosóficas) que esta es parte inquebrantable y esencia misma del ser. 

La idea de que alguien “perdió el Alma” o es un “desalmado” carece de fundamento, aunque se haya popularizado como expresión. Todo individuo posee un Alma que le da vida, le aporta conciencia y alienta un propósito. 

Es inmaterial, perecedera, una extensión del Espíritu y orienta la práctica de sus virtudes. Es impoluta: no se enferma ni pierde su sentido original.

El problema subyace cuando la persona no asimila, comprende o se alinea con su finalidad. 

El Alma no se pierde; pierde quien no busca una alianza con ella. Permanece imperturbable, a la espera de ser manifestada mediante pensamientos, sentimientos y acciones. Incluso ante la perversidad de algunos, el Alma sigue presente hasta ser “abrazada” a través de la introspección, la oración, las acciones nobles o la entrega consciente a sí misma. 

Lo que se distorsiona, embrutece y corrompe es el hombre; bajo ningún concepto ocurre esto con el Alma, cuya naturaleza permanece intacta y disponible como guía permanente del ser. 

D.V. Torres

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