Déjalo ir
Cuando una persona está empecinada en hacer las cosas según su criterio, ideas y mentalidad, aun explicándole que se pueden llevar a cabo con mayor facilidad, sin complicaciones y adecuadamente, déjala ir. Si existe algo que te puede llenar de una enorme satisfacción es respetar el libre albedrío de los seres humanos. Esto reemplaza la frustración e impotencia por gozo y saber que cumpliste con tu parte.
La vida, el tiempo, las circunstancias y sus vicisitudes pondrá a la persona en su lugar (quizás a experimentar de modo cruel o desagradable) para que entienda y aprenda lo que no quiso escuchar, discernir, intentar ni aceptar, razonablemente, lo que se le enseñó o aconsejó en su oportuno momento.
Hay que dejar seguir por sus linderos a quienes, a veces por necedad, estiman que su conducta y decisiones son las correctas o necesarias.
Cuatro ojos siempre ven mejor que dos. Dos mentes tienen la capacidad de pensar con más amplitud que solo una; máxime cuando alguien está preparado, formado y capacitado para orientar a lo que se debería realizar habiéndose expresado con presteza. Nadie es dueño de las elecciones de nadie y tampoco corresponde obligar o convencer cuando, en especial, alguien está "cerrado mentalmente", dogmatizado o con el lastre de pasados traumas no superados.
Aunque duela y frustre, déjalo ir y regocíjate en que la libertad de los individuos (actúe erróneamente o no) es primordial y un gran acto de amor considerarla.
No te has equivocado al señalar una solución, procurar clarificar una situación u ofrecer unas pautas en un contexto lógico, juicioso y saludable. La equivocación es de quien se rehúsa a, al menos, cuestionar, reconsiderar y actuar.
La gente prefiere el estancamiento de sus ideales y convicciones particulares a surcar nuevas fronteras de pensamientos que, indefectiblemente, propician un cambio acertado y beneficioso. Deja ir, sobre todo si obraste con buena voluntad y esta fue pisoteada.
Desprocúpate, siente la alegría de que sea la libertad la que ponga y disponga a quienes, con sus obstinados conceptos y prejuicios personalistas, así hacen legítimo uso de ella.
D.V. Torres
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