Falsa espiritualidad
Las personas que toman un camino religioso o espiritual, lo hacen con base a sus inquietudes y por algo que, muy sutilmente, no se aprecia: su vacuidad interior. Por eso recurren, lo cual es muy respetable y forma parte de sus procesos, a una u otra secta o movimiento de esas características creyendo que se están saciando por dentro. Esto es un error.
Nadie ni nada puede satisfacer ni suplir una verdadera realización espiritual. O mejor dicho, estudiar acerca de la espiritualidad o religiosidad no convierte a nadie en especial; sobre todo, cuando se carece de la más básica humanidad. No hay que engañarse con este asunto.
El estudio y la lectura, sea cual sea la temática, es sumamente aconsejable, máxime cuando se aplica y lleva a la práctica. La palabra vivifica cuando es profundizada, asimilada y experimentada. De otro modo se estaría condicionando a la mentira.
Mucha gente, dada a lo mencionado, cree que la sensiblería y el dogma espiritualista proporciona avance, mientras viven y expresan egoísmo, desamor, temor y otros aspectos de carácter mezquinos o negativos. La espiritualidad no se busca ni se encuentra en lo externo, sí bien puede ser una orientación, pero no da el crecimiento hasta que, realmente, se mire hacia dentro para transformar las sombras del ego en luces de la verdad.
El trabajo es consigo mismo y se culmina mediante el pensamiento reflexivo, la capacidad de amar y obrar bien con el prójimo. Es muy sencillo saberlo, no fácil hacerlo. Nadie salva a nadie si no se salva uno a sí mismo tras el trabajo individual.
La dependencia a una organización o entidad externa, no sirve para cultivar virtudes propias del espíritu individual. Se puede seguir la senda o al gurú que se quiera, esto es de libre elección. Sin embargo, llegará un momento, tal vez, en el que cualquier buscador de la verdad sea consciente que es hacia dentro donde se debe observar e ir para que el cometido sea genuinamente cumplido.
El espíritu no necesita desarrollo alguno ni de mediadores, el ser humano es el que precisa de concebir, conscientemente, su espiritualidad. Y esto no es de palabra ni de intelectualidad, es de hechos que así lo demuestren a propósito de lo mencionado: meditación, reflexión, aceptación de la propia realidad y, por supuesto, con acciones que nutran y edifiquen también a los demás.
La falsa espiritualidad no hace mejor a persona alguna, sino todo lo contrario. A veces, incluso, puede destruir, estancar y cegar al no practicar las grandezas de su espíritu.
Váyase hacia adentro de sí y se hallará el potencial que le caracteriza para el tangible desarrollo por el que se está en este mundo y el imprescindible conocimiento propio.
D.V. Torres
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