Escritor de filosofía, psicología, humanismo, sociología y crecimiento personal.
Reseña de "Derechos Humanos en la vida diaria"
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Reseña del libro: "Derechos Humanos en la vida diaria". Editorial: Círculo Rojo. Autor: D.V. Torres. Enlace: https://editorialcirculorojo.com/derechos-humanos-en-la-vida-diaria/
Si estás conociendo, iniciando una relación sentimental o emparejado a alguien que se precie, fundamentalmente dale valor, apoyo, confianza y lealtad; quizás no volverás a encontrar a otra persona igual: con principios y genuinos ideales del Amor. Demuestra lo que significa para ti, no te limites a las palabras que carecen de sentido, coherencia u honestidad; estas se las lleva el viento. Sé tú mismo, no dependas del otro u otra, aunque sí ten la predisposición de entregarte, progresar e instruirte de aquello que se requiera para tu beneficio. Ninguno es más que nadie, pero tampoco es menos que los demás. Sé humilde. Un vínculo afectivo solo involucra a dos personas, los terceros no forman parte de este, tampoco deben "sugerir" ni decidir por ti (o los dos). Ambos deben tener criterio propio y superarse de mutuo acuerdo. Eres tú, junto a tu pareja, el que obra, construye, acuerda y toma elecciones para proyectarse, adecuadamente, en dicha relación. Lastimosamen...
Aparentar juventud no es un problema en sí mismo; cuidarse, gustarse y sentirse bien forma parte de una autoestima sana. Sin embargo, la obsesión por aparentar físicamente más joven suele revelar una dificultad para aceptar el paso del tiempo y, en algunos casos, puede estar vinculada a rasgos narcisistas, donde la imagen se antepone al crecimiento interior. El conflicto surge cuando la juventud se convierte en refugio para evitar madurar emocionalmente. No es la edad del cuerpo lo que define la madurez, sino la capacidad de asumir responsabilidades, afrontar compromisos y responder con conciencia a la propia vida. Crecer no implica renunciar a la frescura del espíritu, sino integrar esa vitalidad con responsabilidad, humanidad, valores y coherencia interior. D.V. Torres
A tenor de las confusiones generalizadas sobre el Alma, precisa aclararse (sin adentrarse en definiciones metafísicas, religiosas o filosóficas) que esta es parte inquebrantable y esencia misma del ser. La idea de que alguien “perdió el Alma” o es un “desalmado” carece de fundamento, aunque se haya popularizado como expresión. Todo individuo posee un Alma que le da vida, le aporta conciencia y alienta un propósito. Es inmaterial, perecedera, una extensión del Espíritu y orienta la práctica de sus virtudes. Es impoluta: no se enferma ni pierde su sentido original. El problema subyace cuando la persona no asimila, comprende o se alinea con su finalidad. El Alma no se pierde; pierde quien no busca una alianza con ella. Permanece imperturbable, a la espera de ser manifestada mediante pensamientos, sentimientos y acciones. Incluso ante la perversidad de algunos, el Alma sigue presente hasta ser “abrazada” a través de la introspección, la oración, las acciones nobles o la en...
Cuando una creencia religiosa o una postura política propicia el odio y el rechazo hacia quien no la comparte, resulta prudente replantearse en profundidad el modo de pensar y sentir. El fanatismo gangrena la conciencia y enferma la conducta humana. Los individuos, con independencia de sus ideales, merecen ser educados desde los estándares básicos de igualdad, respeto y tolerancia. Es absolutamente indefectible transmitir información con datos precisos, contrastados o emitir opiniones sustentadas en el razonamiento, incluso cuando resulten contrarias a aquellas que otros profesan. Este es el principio fundamental de la libertad de pensamiento y de expresión. Aprender de la diversidad nutre el intelecto, amplía la conciencia y dignifica el alma. Cuestionar, provocar la duda e invocar al conocimiento carece de imprudencia alguna. Obrar contra alguien, directa o indirectamente, por no seguir un camino previamente fijado cuando existe un amplio campo abierto de posibilidades, deshonra...
La denominada “normalidad” no constituye una verdad universal ni un criterio objetivo. Es, en gran medida, una construcción social moldeada por dogmas, costumbres, educación y cultura. Pretender elevarla a parámetro absoluto para medir a las personas no solo es erróneo, sino profundamente injusto. Utilizar esa idea de normalidad para rechazar, excluir o desacreditar a otros no puede ampararse en la libertad de opinión. Cuando el juicio se convierte en descalificación y el desacuerdo en desprecio, deja de ser opinión para transformarse en intolerancia. Aquello que algunos califican como anormal no es, por definición, indigno ni incorrecto. Existen condiciones, formas de vivir y expresiones personales que, aun siendo distintas, son legítimas y merecedoras de respeto. La diversidad no degrada la convivencia; la enriquece. Juzgar a una persona desde prejuicios propios no define a quien es juzgado, sino a quien juzga. La calidad humana no se mide por la adhesión a pat...
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