Amor, respeto y libertad

No desees mal a nadie, mejor alégrate porque le vaya bien, eleva tu oración para que así sea y, si está en tus manos, bríndale amorosamente tu apoyo si lo precisa con la intención de darle el impulso para avanzar. 

Respeta cabalmente las libertades de los tuyos y las ajenas, que cada persona decida lo que hacer con su propia vida. No te compete ni es sano para ti perturbar su felicidad ni intentar coartar su libertad. 

Desiste de condenar, te honra y te hace sublime guardar silencio para atender tus "pobrezas internas" antes de señalar las posibles que se puedan albergar en los demás. 

Sé amoroso y cordial, respetuoso e incondicional. Procura sanar tu vida porque cuando requieran de tu consejo, estarás presto y lúcido a ayudar. 

Deja de esperar, que tu único objetivo sea el de entregar. Prioriza la purificación tu alma mediante la humildad, aleja de ti cualquier deseo o pensar que estás por encima del hermano por el que, con Dios unido, estás. 

Amor, respeto y libertad son tu supremo estandarte que transforma en una digna conducta de vida que por siempre has de evidenciar.

D.V. Torres 

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