Bendecir


BENDECIR tiene la misma fuerza que maldecir, solo que son poderes opuestos. Quien maldice se mueve entre energías contrarias al que bendice, por ende, al que piensa bien, desea el bien y, a veces, habla el bien para sí o para otras personas se sostiene en un estado de absoluto gozo y paz.

Bendecir es “bien decir”, es bien sentir, es bien pensar, el que maldice está haciendo lo contrario. Las aguas se pueden volver turbias o cristalinas dependiendo de su receptáculo y de cómo se encaucen, lo mismo sucede con las energías de cada ser humano en sus acciones. 

Si tu estado de consciencia está puesto en Dios, en el Sol, en algún Santo o Ser Místico de tu devoción, sea por la religión o filosofía que profeses, o sencillamente vives honrada y dignamente, albergarás buenos pensamientos, tendrás deseos armoniosos y hablarás sanamente. Serás una expresión de bendiciones para ti y para el mundo que te rodea.

Recuerda que el mal de este mundo no tiene donde asirse, de manera que piensa lo bueno para que recibas lo bueno, desea lo bueno para que dejes de sufrir, habla y procede en positivo de forma que seas retribuido favorablemente. Lo que das es lo que tarde o temprano recibirás, por eso ocúpate en bendecir y serás una constante presencia de armonía doquiera que estés. 

Lo que llevas por dentro es lo que se reflejará por fuera. Cada quien tiene lo que ha causado o creado. Dedícate a bendecir.

D.V. Torres

Comentarios

Entradas populares de este blog

Acerca de las relaciones afectivas

La juventud está por dentro

Aclarando el Alma

La tolerancia como estandarte

La diversa normalidad