Felizmente libre
Cuando una persona condiciona lo que tienes que decir y hacer, no estás siendo tú mismo sino que vives bajo el albedrío de dicha persona. Estás alejándote de tu propia voluntad de pensar, sentir y ser.
No se puede querer, aún menos amar, si se está coartando la libertad de alguien. Seas niño, joven o adulto, atrévete a pensar por ti mismo y sin los ideales de nadie.
No permitas que tu alma quede estancada por determinadas conductas represoras. Amar significa libertad. Nadie puede limitar tus capacidades a expresarse, a menos que tú lo consientas.
Sé libre, guardando el orden y respeto conveniente, pero nunca bajo el amparo de las reglas establecidas por alguien porque dejarías de ser tú para convertirte en él o en ella. Y si llegases a equivocarte, sé libre en hacerlo al igual que responsable para corregirte.
Eres independiente, eres único e irremplazable, esto es lo que, sencillamente, te hace magnífico y especial. Obsérvate, echa un vistazo a tu alrededor y analiza lo que está sucediendo. ¿Eres tú o quizá seas lo que le interesa egoístamente o hace sentir mejor a la otra persona?
Tómate un tiempo prudencial para escudriñar en las profundidades de tu ser. No necesitas de nadie que controle tus pasos, tu espacio ni tus movimientos vitales. Tal vez no te des cuenta ahora, puede que no sea tu momento; todo llegará y, cuando tu alma demande su libre naturaleza, con probabilidad serás tú, te sentirás bien y alcanzarás la felicidad que tanto mereces.
D.V. Torres
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