Los niños y sus emociones
Lo que una persona recoge en su etapa infantil, lo afrontará cuando sea adulto. Sus miedos, alegrías, frustraciones y diferentes grados de afectos, terminará cosechándolo con el transcurrir del tiempo. Mientras, no sabe qué le pueda estar sucediendo.
No está en el plano de un entendimiento propio para su edad. Si las semillas que se siembran en su ingenua consciencia son buenas o malas, el tiempo será su juez.
Date cuenta de la importancia que requieren los infantes, no solamente a nivel de conocimientos asimilados mentalmente sino a través de sus sensibles emociones. Hay que ocuparse en preguntarles cómo y qué sienten con la debida atención.
Ellos son un “vergel de emociones” incontroladas. Ayudarles a entender desde lo que sienten, no exclusivamente en lo conceptual, es una loable y eficiente tarea.
Las emociones de los niños que no han sido cuidadas tienden a abrirse igual a “heridas” que suelen perfilar su carácter en sus múltiples y subsiguientes etapas. Un niño sanamente educado será un hombre o una mujer feliz, con una estima equilibrada y una amplia consciencia entregada a la creatividad.
Siembra amor en los niños y cosecharán abundantes alegrías al llegar a adultos.
D.V. Torres

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