No comercies emociones
Prevalece una idea generalizada, sobre todo entre la gente joven, respecto a las diferencias de edades para iniciar o mantener una relación afectiva. Obviamente cada etapa es individual e imprescindible, pero para el amor no hay edad.
Si alguien joven quiere estar con alguien mayor, o viceversa, es totalmente lícito, aceptable y respetable. Una persona mayor puede aportar experiencia y estabilidad, una joven puede aprender de ambos aspectos. No obstante, siempre se adquiere enseñanzas en cualquiera de los casos.
El amor, si es recíproco y leal, no contempla distingos de ninguna especie, solo es conciente de realidades dispares que se pueden complementar en un nexo emocional.
El prejucio de las diferencias se vuelve abominable, lleno de bajeza y vagabundez cuando un joven comercializa su afecto y el mayor lo admite. Esto obedece a una "prostitución juvenil" que se está arraigando en estos tiempos. Una persona que se una a otra bajo determinados intereses, lo único que hace es jugar con la superficialidad de su carácter y evidenciar su pobreza e inmadurez afectiva.
El amor, sea cariño, estima o afecto, solo pertenece a almas grandes dispuestas a ofrecerlo o recibirlo. No es un negocio para gente de baja estatura moral y mental; por tanto, nadie debería dejarse engañar por la mediocridad con la que, a veces, se actúa en nombre de la juventud, el amor propiamente y la supuesta belleza (vanidad).
Sería más honesto y decente ponerse a trabajar en una profesión digna, que aspirar a "venderse emocionalmente". El tiempo pasa, lo que hoy hace ganar dinero a expensas de chantajes, mañana la vida lo recobrará con las facturas de una insostenible soledad afectiva, deprimente e insana.
D.V. Torres

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