Respecto a los consejos
No habría que dar consejos a menos que los pidan, sería una falta de respeto. Tampoco es necesario emitirlos si no están sustentados en una realidad abarcante de lo que pueda estar aconteciendo; hay que ser imparcial y justo. Asimismo, se debe evitar ofrecerlos al vivirse un auténtico caos y cuando no se está practicando ni la más básica frase de lo que se quiera aconsejar; no hay que engañarse, sino ser auténtico y componerse primero.
A todo esto, si la supuesta ayuda va acompañada de juicios, críticas o ataques, entonces habría que callarse la boca, analizar la propia personalidad y resolver sus conflictos internos.
Para aconsejar sería menester tener en cuenta estas premisas, pero especialmente actuar con buenas intenciones, saber lo que se quiere decir, ser neutral, empático y, comúnmente, haber empezado a solucionar los problemas que subyacen por dentro o en el entorno para no ahogarse con ellos.
Aconsejar cualquiera puede, el reto consiste en manejar y demostrar habilidades al respecto. Otro asunto es que nadie está lo suficientemente preparado para entregar consejos cuando no ha leído, estudiado, investigado, quizás viajado ni se ha cultivado internamente.
En ocasiones, es el deseo, egoísmo y la voluntad particular la que habla, no el conocimiento ni la experiencia que facilita un adecuado criterio, colmado de tacto y sabiduría, para hacerlo.
D.V. Torres

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