Soltar las amarras de los hijos

 

A los hijos, llegados a una edad justificada, hay que darles facilidades para que sean independientes. No castrarlos en sus libertades, bajo la dependencia emocional u otros intereses estipulados por los progenitores.

No son pertenecias ni posesiones de nadie, son responsabilidad de quienes los han traído al mundo o les han dado una determinada crianza. Unos padres que vivan apegados a sus hijos y estos a ellos, difícilmente se desarrollarán emocional e intelectualmente.

En definitiva, su "madurez psicológica" no alcanza el nivel estimado de una persona preparada fehacientemente.

Hay que cuidarse de chantajes, entuertos y manipulaciones a la hora de educar a los descendientes. El amor no está condicionado a una consanguinidad familiar, amar también es dar espacio, fomentar la individualidad del otro y respetar el camino que se escoja libre y particularmente.

Quien vive con apegos no es genuinamente feliz porque la felicidad, precisamente, es procurar que alguien logre serlo, indistintamente de su elección propia y a pesar de la crudeza que suponga aceptar "soltar las amarras" de un hijo o una hija.

D.V. Torres

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