El Templo de la Conciencia
Antes de acudir a la iglesia más próxima a confesar tus errores y pecados al sacerdote que te acoja en su templo, antes incluso de salir de tu casa, de encaminar tus pasos a cualquier confesionario, ve al Templo de tu Conciencia; pues ese es el lugar indicado donde pacificarte contigo mismo.
Antes de ir a desahogar tus faltas a terceros y así su consecuente absolución, comienza con tu propia reconciliación: perdónate.
Antes de ir a los espacios sagrados, afligido, quizás cabizbajo, acércate a tu esposo o esposa, a tus hijos o padres, a tus hermanos, a tu amigo o aquel enemigo, ve hasta cada uno de ellos en humildad y reconcíliate, perdónales y, con profunda rendición, clama también por su perdón.
En eso y ahí, es donde está Dios.
D.V. Torres

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