El trabajo dignifica al hombre

“El trabajo dignifica al hombre” es una frase atribuida al sociólogo, economista y filósofo alemán, Karl Heinrich Marx. Pero, ¿qué es la dignidad? Según los Derechos Humanos: El concepto de dignidad es la expresión profunda del respeto por los seres humanos, de la empatía que existe entre todas y todos nosotros y del valor de cada individuo. Por lo tanto, trabajo no es sinónimo de dignidad, en especial, cuando esta no cumple con la definición brevemente señalada.

El trabajo merece ser realizado con respeto, empatía y valores. De esta manera, la frase inicial, conserva absoluta coherencia.

La gente, por lo general, ejecuta una labor remunerada solo para sobrevivir a su situación personal, sea cual sea, desdeñando varios aspectos a tener presente, en específico, cuando se trabaja de cara al público. O sea, cuando su desempeño implica la Atención a los Clientes de cualquier determinado negocio o empresa. No es relevante el cargo que se tenga, sino la disposición a desenvolverse aconsejable, humana y debidamente.

Cuando este fuera el caso es menester ofrecer una correcta atención, insistiendo en que sea con respeto, empatía y valores. Esto es lo que dignifica al empleado o empleada en cuestión. No es trabajar por trabajar, es hacerlo con una buena predisposición, amabilidad, responsabilidad, actitud a la labor encargada y con agradecimiento.

La gratitud, para quienes puedan tener un puesto de trabajo, definen los rasgos (o aspectos) anteriormente dichos. ¿Por qué? Porque eso manifiesta claramente la calidad y el talante de la persona (trabajador o trabajadora). Además, habla “a gritos” de la sensibilidad y empatía hacia otros que, lastimosamente, no cuentan con un empleo que les permita, al menos, tener una base de alimentos para saciar sus posibles hambrunas y carestía.

A modo, simplificado, agradece la oportunidad que se te está brindando al tener un puesto de trabajo, independientemente de que sea vendiendo zapatos o formando parte de un importante ministerio.

Sonríe a tus clientes (aunque sea fingido). Dibuja, con tus labios, una agradable sonrisa. No frunzas el ceño, muéstrate con una mínima simpatía. “Una cálida sonrisa es el lenguaje universal de la amabilidad”, dijo el escritor estadounidense, William Arthur Ward. No lleves tus cuestiones personales, familiares o afines a la labor que te corresponda. Días buenos y malos tiene todo el mundo, lo cual no justifica que tengas que “desquitarte” hacia los clientes de los que dependen la empresa o el negocio para el que estás contratado. Deja tus problemas en donde los tengas, soluciónalos con quien quieras, pero no amargues a nadie con tus gestos, en ocasiones groseros, ni con tu propias desavenencias. Te estarías definiendo como una persona incompetente que, colateralmente, perjudica la imagen de quien te ha dado la posibilidad de ejercer.

Sé educado y solícito, sobre todo cuando se debe atender a la gente que va a darle mayor producción y prestigio a quien te representa. “Buenos días”, “buenas tardes”, “buenas noches”, “¿en qué puedo ayudarle?”. Y, dada la circunstancia de una actitud desatenta o indebida, ofrece tus disculpas.

Acerca de este tema se podría escribir más detallada y extensamente. Sin embargo, sirvan estas premisas para acometer merecidamente la función que compete.

En conclusión, agradece la fortuna de la que otros carecen. Sonríe, así te estarás ganando al cliente o clienta en un amplio porcentaje y para el producto que se pueda vender. Si te ven serio o mal encarado, espantas a la clientela y estarás perjudicando a la empresa. En síntesis: educación, moderación, capacidad resolutiva para obtener excelentes resultados.

Si no cumples con estas sencillas pautas en donde labores, sería recomendable una efectiva capacitación o buscar otro empleo donde tu “malestar personal y dudosa educación” no lo tenga que pagar ni tu empresa ni las personas que, en el fondo, son la piedra angular para recibir un salario y según sea tu atención hacia ellas.

Puede haber clientes o clientas que no solicitan atención con el merecido respeto, pero ten en cuenta que tú puedes transformar esa situación para que haya un trato justo y armonioso. Tampoco se justifica que nadie sea irrespetuoso contigo y, así, poder recurrir a una persona que medie o remedie la situación a través de un cordial diálogo y acuerdo.

No obstante, eres tú, como trabajador o trabajadora, quien puede demostrar y dar ejemplo de una relación recta, necesaria, cívica y adecuada. En este último panorama, eres la excepción que rompe la regla teniendo en consideración los lineamientos reseñados y quien gana en respeto, empatía y valores; es decir, en dignidad. Una nación en desarrollo comienza por el individuo, el entorno y la sociedad que la puebla.

Como expresó sabiamente el abogado, profesor de negocios y gran filósofo de la administración, Peter Ferdinand Drucker: “Calidad de servicio no es lo que tú das, es lo que el cliente recibe”.

Autor: D.V. Torres 
Escritor de filosofía, psicología, humanismo, sociología y crecimiento personal.
Formado en Electrónica Digital y Educación Social.

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