Ilusión religiosa y espiritual


Vivir creyendo que se es religioso o espiritual, no otorga la "medalla" como tal. Al contrario, se está experimentando el mundo de la mentira y el engaño a los demás.

La mente es tramposa, hace pensar asuntos que son completamente opuestos a, incluso, cómo se trata al prójimo. Esto es vivir la incoherencia. A groso modo: la falsa etiqueta del religioso o espiritual no contribuye a avance alguno, aunque así lo piensen e intenten convencer a otros.

Es duro decir las cosas con claridad. Por lo general, este tipo de gente no se ha formado, todavía, como ser humano y, por eso, se aferra a la ilusión mencionada.

Por otro lado, no son creativos, originales ni tienen una pizca de autenticidad. Son personas con una mentalidad sectaria, dependientes y con sobrada soberbia como para manipular, falsear, aparentar, cuestionar, posar y figurar. El objetivo es dar una imagen diferente a lo que, realmente, se es y lleva por dentro.

Los hay que se enorgullecen de sus teorías e intelectualidad, lo cual es efímero e insustancial cuando no practican el noble arte de ser ejemplo de una mínima humanidad.

No son lo que dicen, así se posicionen en un estatus personal, social o profesional. "El hábito no hace al monje", solo sus hechos que no requieren de grados propios del ego, innecesarios para vivir digna, íntegramente y con buena voluntad. 

Sentir "energía" no faculta a nadie en una altura de conciencia, menos al carecer de la imprescindible virtud de la humildad. 

Además de la falta de honestidad, son dados al chisme, la mojigatería y todo lo contextualmente mundano. No, no se engañen ni dejen engañar por personas que no han aprendido a cambiar, mejorar, valorar y practicar la verdad sin edulcorar. 

Igualmente, hay que respetar. Están es su proceso, así sea con su complejo de superioridad.

La tarea es informar, enseñar y hacer reflexionar; luego, cada quien, que lo aplique o continúe con su necedad. La cursilería y sensiblería de las palabras solo es la proyección de la gente que, de cara al mundo, prosiguen engañando, pero detrás de bambalinas son oscuros, densos y con una recomendada terapia profesional.

No hay religión, secta o espiritualidad que valga cuando no se es honradamente humano de Alma, si no existe transformación ni hay bondad, metafóricamente, en el corazón.

D.V. Torres

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