Los límites del respeto
Eso de que se debe respetar cuando no se respeta, es un auténtico desvarío.
Está demostrado que la educación y los valores no siempre van de la mano. Alguien puede ser educado y, por ejemplo, carecer de respeto. También existen personas, sin un suficiente nivel cultural ni educativo, en las que sus valores están bien asentados.
De este modo se puede apreciar que el respeto tiene sus límites. A nadie, en su sano juicio, se le ocurriría recibir maltrato y seguir "respetando" a la persona que lo pudiera estar causando; esto sería masoquismo.
Hay algo que se llama dignidad, este es un poderoso valor que está por encima, incluso, del mencionado. Por lo tanto, cuando no se recibe el necesario respeto, es aconsejable respetarse a sí mismo.
Y este aspecto es fundamental tenerlo presente para no permitir que nadie se sienta vapuleado por nadie, ni con el pretexto de conservar ese "respeto" hacia quien lo ha sobrepasado y pisoteado.
No hay que engañarse. Ser buena persona no es sinónimo de ser un idiota; sin embargo, la idiotez, generalizada, es el fracaso de quienes no han logrado un mínimo de valores y, en casos, educación cívica o ética.
No se pierde cuando se manejan las situaciones con la capacidad mental y emocional como para protegerse de ataques, daños o conflictos bajo la bandera del valor fundamental que equilibra: la enunciada dignidad. Es decir, amor propio y autoestima.
Además, se le estaría haciendo un flaco favor a aquellos que vulneran sin piedad ni conciencia.
Es loable poner límites y, tal vez, quien los intente cruzar aprenda una lección que le puede facilitar ver su forma de ser para moderarse. De otra forma, será la vida y las circunstancias los que propiciarán el arrepentimiento, la comprensión o el recapacitar.
D.V. Torres

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