Oferta y demanda, no es un favor

Si quieres saber cómo es un país, una sociedad, la mentalidad de su gente y el nivel cultural que albergan, saldrás de dudas al ser cliente, demandante o comprador de un producto (cualquiera que esté fuera). 

Al igual ocurre con un servicio por el que, evidentemente, remuneras para disfrutar de este. En un contexto general, a esto se le denomina oferta y demanda con su consecuente atención al cliente. 

No importa que tan desarrollado, en proceso de desarrollo o subdesarrollado sea el lugar, el modo en la que eres tratado es crucial y descriptivo de la educación, el civismo y las buenas maneras; obviamente, si este fuera el necesario y esperado caso en una negociación, adquisición de un producto o una transacción.

En cualquier circunstancia te pueden brindar un trato apropiado y aceptable o no. Si este último fuera así, existen diferentes vías para protestar, reclamar, denunciar, quejarse o hacer lo oportuno para que se corrija y, así, sirva de precedente y aprendizaje a la persona que no está capacitada ni es correcta en su función. 

No tendrás inconvenientes con quien ama, se entrega y experimenta su trabajo con nobleza y una mínima excelencia. 

Ahora bien, no hay que confundir el espacio del ofertante con la del demandante. O sea, tú mereces y estás en tu derecho se ser cabalmente atendido y con respeto a la hora de adquirir lo que precises o un servicio por el que, tal vez, estés pagando hasta con sobreprecio. 

Cada persona, demandante, cliente, ofertante o vendedor, debe recibir consideración. Jamás permitas la soberbia, el narcisismo, la malcriadez ni los aires de superioridad de nadie, todavía menos cuando estás invirtiendo tu dinero para obtener calidad, comodidad, atención cordial y cuidado.

NO TE ESTÁN HACIENDO UN FAVOR, desecha eso de tu mente; al contrario, tú estás favoreciendo el negocio, la empresa o servicio contratado. Por tanto, El FAVOR LO RECIBE QUIENES OFRECEN. 

Ubícate, no se te está dando nada gratis, tú eres el que estás aportando para sus beneficios. Dale una patada a la idea de supuestos favores cuando eres tú en hacerlos. Y, estos últimos, son los que deben considerarte y agradecer que tienen un "plato de comida" en sus mesas por tu aporte económico.

No te dejes pisar por nadie que te haga pensar lo contrario; es absurdo, sobre todo cuando les estás enriqueciendo de una u otra manera. No aceptes ni toleres la manipulación en lo referido, procura el equilibrio entre lo dado y recibido.

El favor lo haces tú, es básica matemática, simple lógica y de un mínimo sentido común.

No permitas que le den vuelta a la tortilla como si tu dinero no tuviese valor y la dignidad que quizá, ellos o ellas, no representen ni tampoco sea su ejemplo.

D.V. Torres

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