Poner orden desde dentro
En ocasiones, se vuelve incomprensible que haya gente con una fructífera profesión, rodeada de amistades, familia, incluso pareja y hasta en una estable situación económica; sin embargo, este tipo de gente, aún, se inclina por tratar de generar perturbación a otra gente.
Si, supuestamente, su patrimonio laboral, afectivo y social le otorga "felicidad", llegando a vanagloriarse de su dicha, es inequívoco que el sujeto que actúa con esta clase de prácticas deleznables, no ha aprendido a valorar, básicamente, lo que posee ni le acompaña en su existencia.
Por lo tanto, es indiscutible que el problema indica ser personal. Es contradictorio e imposible intentar ofender, manipular o dañar cuando se está, realmente, bien por dentro. No hay justificación ni motivo para ello.
Tal felicidad, probablemente, sea superficial y efímera, material y a causa de placeres o estimulos primarios. Sus relaciones, por difícil y duro que sea reconocerlo, no son honestas ni edificantes.
En conclusión, esto es una muestra de que hay personas no sanadas psicológica, emocional ni conscientes de su espiritualidad o religiosidad.
En su mundo de mentiras piensan, con evidente error, que están yendo por la mejor de las sendas. Y esta mentira se la han "tragado", de tal modo, que no son capaces ni están dispuestos a aceptar la realidad y su mismo desconcierto experiencial.
No es tarea fácil hacerles entender porque todo lo sacuden con su necedad, a pesar de que se les pueda estar brindando una acertada orientación para resarcirse. No por intentarlo, se pierde, aunque sí se deben poner límites que no forcejeen, como mínimo, el respeto.
Es moderado, justo y necesario que continúen con sus particulares vivencias hasta que llegue su etapa de escarmiento, clarificación y toma de contacto con sus adentros; normalmente esto sucede con crudeza.
Finalmente habría que apreciar la probabilidad de que requieran asistencia psiquiátrica o psicológica. Cuando no se funciona apropiadamente por fuera, es inequívoco signo de que palpita un caos que precisa ser puesto en orden y estabilidad dentro.
Un Alma en la que su dimensión humana no es coherente ni enriquecedora de sanos frutos, no está alineada y tampoco preparada para las beatitudes de su Espíritu.
D.V. Torres

Comentarios
Publicar un comentario