No cedas a la provocación


No cedas a la provocación de nadie, menos cuando no has sido el causante ni formas parte de un conflicto personal. Si reacionas estarás dándole pábulo y posicionándote al mismo nivel de incultura, malcriadez e injusticia.

No merece la pena que tu paz sea quebrantada por el desconcierto de cualquiera. Si se burlan o ríen de ti, piensa que estás supliendo la "amargura" de quien así proceda; lo cual es un mérito.

Es fácil de entender que existe gente que no está a la altura de un civismo ni una apropiada convivencia. El dinero, sobre o falte, no es garantía de nada ni es un auténtico reflejo de cultura, valores y, en especial, dignidad; a la vista están los desmadres mundiales que llevan a cabo quienes gozan de fortuna financiera. 

Guarda silencio ante la insensatez, habla con propiedad si se amerita, pero continúa adelante. Si algo está afectando tu mente, emociones o espacio de acción, si escala al abuso o maltrato, es evidente que deberías acudir a las instituciones apropiadas para protegerte y que, estas, se ocupen en interceder. 

Lo esencial es no perder tu tiempo ni energías por las voluntades e intenciones, malsanas, de otros. Mantén tu estabilidad, en todos los aspectos, para andar por la vida serenamente.

El fuego no se enciende si no le das leña y, al final, se quema quien ha jugado entre las llamas de sus inoportunas acciones. 

La elegancia humana no solo radica en el saber vestir, sino en el comportamiento. Esta es la máxima a considerar y, su mejor marca, está ataviada según sea el trato.

D.V. Torres

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