Aprender de correcciones
Solo el orgullo, la arrogancia y soberbia son los principales obstáculos para que una persona no reciba alguna corrección de una falla que haya cometido.
Definitivamente, el ego comete estragos en quienes no ponen de su parte ni están dispuestos a asumir sus errores con el propósito de aprender de ellos; si cabe, enmendar y, por supuesto, garantizar una mejoría en su forma de ser.
Es aun más trágico cuando la equivocación, sea consciente o no, vulnera, afecta o genera malestar en un tercero.
Nadie que corrija o sugiera, desde la experiencia y el conocimiento, cómo se debe hacer algo y actuar, menosprecia y estima inferior al otro.
En general, la aspiración consiste en hallar el bienestar y una versión óptima.
D.V. Torres

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