Nayib Bukele, un nuevo mérito en la educación


En numerosos casos, hay niños que se forman en un ambiente disfuncional y son presa fácil del panorama al conflicto, la desigualdad, el miedo y desequilibrio, de base, emocional haciéndose carne en ellos hasta convertirse en adultos para expresar lo que han recibido en la infancia.

Los hay con mayor suerte al nacer en "cunas de oro", aunque sin una educación per se y que vaya a la par de sus necesidades materiales suplidas.
No es una cuestión de riqueza o pobreza, sino de los principios y valores que se inculcan en el infante. La disciplina, el civismo y la urbanidad juegan un papel importante en las primeras edades o etapas de vida.

Se haga lo correcto o no, siempre habrán bocas que se suelten a las críticas. Por lo tanto, si lo que se pretende es que un niño o niña se vaya formando con una conducta asociada a la ética, los buenos modales y la moral, cualquier comentario opuesto (con índole destructivo) precisa de la indiferencia.

El Presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha implementado en las instituciones educativas unas normas disciplinarias y cívicas entre sus educandos. Otro acierto de este gobernante que, de fondo, quiere establecer una generación con tales valores que cualquier infante debería obtener para convertirse, en su adultez, con una mínima responsabilidad individual, familiar, en el entorno y la sociedad.

No consiste solo en aprender a leer y escribir (existen analfabetos con una elevada conciencia cívica), la labor meritoria y absolutamente legítima es incluir el conocimiento para experimentar con respeto y dignidad. Si esta técnica pedagógica se constituyera en la actual y posteriores generaciones, los espacios de aprendizaje de las naciones que conforman la tierra podrían encontrar alivio en los asuntos cotidianos y el porvenir de la humanidad.

Sin atisbo de duda, es un ejemplar proyecto el que se está llevando a cabo en El Salvador, a buen criterio se su Presidente. Tomen nota el resto de gobernantes porque no hay mayor analfabeto que quien vive sin honradez, consideración, empatía ni responsabilidad moral hacia sí mismo y, por ende, entre sus semejantes.

D.V. Torres
Escritor e investigador

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