Efecto de las palabras
En vista de que hay personas que no miden sus palabras ni la repercusión de las mismas, es aconsejable educarse para impedir el efecto devastador, en ocasiones, de lo que digan.
Aunque cueste aceptarlo, poco se puede hacer con quienes causan dolor u ofenden al expresarse. Esta problemática dialéctica no le incumbe al receptor, sino al emisor. Es su responsabilidad trabajar en lo que se piense antes de hablar y cómo podría resonar en otros.
Es pertinente considerar que, también, se puede aliviar y sanar con lo que se diga.
La clave es fácil de entender: si no te gusta cómo te hablan, no hagas lo mismo. Cuando se emplea la brutalidad e insensibilidad al expresarse, sin duda el posible desequilibrio psíquico lo tiene quien así procede.
En cualquier caso, se precisa estar protegido de insolencias verbales.
D.V. Torres

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