Nadie es perfecto


Aprender a no darle importancia a las personas, con sus dispares formas de ser, no es rechazarlas, sino mantener una actitud de serenidad, tolerancia y salud. 

No se puede pretender que otros sean como tú quieras o como se debería; los seres humanos piensan, sienten, hablan y hacen según sus creencias, ideas y capacidades. Si esto fuese una ofensa hacia ti, estás en completo derecho de reclamar o tomar una juiciosa distancia. 

Nadie es perfecto, ni siquiera tú, por tanto, es pertinente y razonable adaptarse a una sociedad imperfecta. 

Si cuentas con un conocimiento o una voluntad de ayudar a quien lo demande, está en ti tomar decisiones nobles para hacerlo. De resto, mantén en alto la imperturbable Paz.

D.V. Torres

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