Aprender del tropiezo
No hables mal, ni detestes o sientas ira de la piedra en la que tropieces, ella es tu maestra. Cualquier dolor que te cause, es para hacerte entender lo infinitamente sabia que es la vida.
No arremetas ni patees lo que, verdaderamente, te entregó una lección y aprendizaje. No te equivocas al tropezar, solo indica lo que debes modificar en tu andar.
No maldigas la piedra que te hizo daño, te está señalando aquello a superar y fortalecer. En definitiva: sanar las heridas omitidas o no conscientes.
Sé humilde para que se produzca un cambio que, a su vez, te conduzca al crecimiento veraz.
Sentir es de humanos, encariñarse con el lamento, no es normal. Fluye y que tus pasos impulsen tu avance.
D.V. Torres
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