Del intelecto a la conciencia
Cuando se leen y estudian estas enseñanzas con carácter psicofilosófico (que ayudan a encontrar la armonía, el crecimiento y conocimiento propio) entrañan el mayor desafio: lo que se aprende, se aprende dos veces, incluso pudiendo expandir la conciencia, únicamente, al llevarse a la práctica.
Las letras, que forman palabras, a su vez, frases, párrafos y textos para, finalmente, transformarse en un libro o cualquier obra literaria, pueden entregar información, lucidez mental, expandir el modo de pensar y vivificar la reflexión, pero no todo se basa en el intelecto ni la memorización, sino en VIVIR y EXPERIMENTAR aquello que se APRENDE.
No consiste en leerse infinidad de libros sobre recetas de cocina, valga el ejemplo, si no se ponen manos a la labor de cocinar. A veces, de lo que se practica, así como al principio la omelette no sale debidamente sazonada o en su punto, igual ocurre con las enseñanzas a las que se les debe una constancia para que den los resultados.
Si alguien a quien se le da, dos o tres veces, los "buenos días" y no contesta, al cuarto o quinto terminará haciéndolo, sea porque se ha dado cuenta de que la educación es primordial o, tal vez, por obligado convencionalismo; aún así cumple.
Lo que se procura explicar es que no sirve de nada estar leyendo y atiborrarse de información si no hace mella dentro de los individuos. Los papagayos aprenden a emitir un sonido similar al habla, lo cual no quiere decir que sepan, entiendan o hayan experimentado en su garrido.
Para que haya un legitimo adelanto y progreso en el ser humano, es preciso hacer CONCIENCIA mediante lo que se estudia y, en especial, cuando se practica. Entonces, no cabe otra que creer en los hechos y no solo en las palabras.
Así deberían funcionar las enseñas para obtener la sabiduría, maestría y el genuino avance.
D.V. Torres

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