Hablar sin hacer daño
Prácticamente ninguna persona está exenta de recibir comentarios negativos. Se haga lo que se haga o se diga lo que se diga, por lo general habrá alguien dispuesto a sacar fuera de contexto las acciones o palabras de otros. Esto significa estar mal por dentro; en especial, cuando no hay motivos para crear tales discordias ni inventarlas desde alguna absurda excusa o mediocre voluntad.
Quien no repara en sus argumentos, debería aprender a pensar antes de hablar y, así, expresarse de modo apacible y correctamente. Quien conoce que puede hacer daño a través de sus palabras, con alevosía y premeditación, está mostrando algún tipo de trastorno mental o emocional.
Hay personas, igualmente, expertas en difamar y calumniar; es su mayor aliciente y se complacen en ello. En este caso, poco se puede hacer si no es tratada por un especialista.
Hablar cualquiera puede, el mérito reside en saber hacerlo, cuidando lo que se va a decir y, sobre todo, pensando y sintiendo la repercusión que podría provocar en el oyente. Si alguien se equivoca, su labor es reconocerlo y ofrecer disculpas.
En definitiva, saber hablar no es solo lo que se ha aprendido en la infancia, sino lo que en la juventud o adultez se perfila con madurez, sensatez y determinación a armonizar, pero nunca para generar perturbación.
Existen infinidad de estrategias para comunicar algo eficazmente, con conocimiento de causa, evitando el escarnio o cualquier confrontación.
Nunca se deja de aprender ni experimentar, únicamente hay que canalizar lo que se piensa, sienta o diga adecuadamente. Esta es la lección, que sirve de tarea, para cada ser humano y de por vida.
D.V. Torres

Comentarios
Publicar un comentario