Olvida tus aires


No hay padres perfectos, ni hijos, ni amigos, ni familia; nadie lo es. Cada cual cumple con su función de la mejor manera posible. Con errores y meteduras pata, a veces sin percatarse de ello. 

Nadie es más ni menos que otros, cada uno realiza lo que está en sus manos para superarse y resolver ciertos desafíos. La vida no trajo un libro de instrucciones y las experiencias son diferentes para cada persona. 

El mérito no es aparentar perfección cuando la miseria humana queda pendiente de erradicar. 

Lo perfecto no está en el deseo de nadie ni en sus aires de grandeza, sino en tratar de construirse día a día, ver en qué puedes servir a los demás, qué nuevas cosas hay para aprender y, sobre todo, reconocer lo imperfecto para, al menos, dar el salto de conciencia que incentiva a hacer lo correcto.

D.V. Torres

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