Rasgos de una persona manipuladora
Es típico de los manipuladores ofender o hacer daño para luego darle la vuelta a la explicación de sus actos y, si cabe, culpar u ofender a otros de sus particulares crisis existenciales. Les es más fácil señalar presuntos defectos ajenos a ocuparse en reparar los suyos.
No suelen pensar lo que dicen ni reflexionar en los perjuicios que puedan ocasionar. No les agrada reconocer sus errores ni lidiar con sus malas actitudes. Toman sus arranques de ira y comportamientos contraproducentes como conductas habituales de vida.
Para los manipuladores el resto de la gente está o hace mal cuando sus egos se ven en el aprieto de asumir sus equivocaciones. Ellos se las dan de perfectos, adorables y equilibrados, creen estar en lo correcto y hacen de sus fechorías una falsa virtud.
Es aconsejable saber detectar el proceder de un manipulador para salvaguardar la salud psíquica y emocional de la mediocridad con la que, generalmente, se desenvuelven. De por sí, es complicado dialogarles porque sus razones estarán por encima y tendrán más peso que las de cualquiera.
El abuso, la agresividad y el conflicto interno, el cual hacen extensivo a los demás, son los rasgos más usuales de una persona manipuladora.
D.V. Torres

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