Entre el conocimiento y la opinión
Entre opinar y enseñar hay un abismo. No es lo mismo verter una visión personal, sustentada en creencias, en una educación particular o en un criterio forjado, que ofrecer un conocimiento formal, verificado y debidamente fundamentado.
Por tanto, cuando alguien afirme: “esa es tu forma de verlo, yo tengo la mía”, lo más sensato es exponer la información respaldada por el conocimiento adquirido en el tema de que se trate, sin entrar en discusión.
Quien esté verdaderamente predispuesto a aprender sabrá escuchar lo que se le enseña y, si aún conserva dudas o desea profundizar, indagará por su cuenta para enriquecer su intelecto y su cultura; en consecuencia, crecerá. Si carece de esa voluntad, es aconsejable dejarla con sus posturas e ideas personalistas hasta que la vida le enseñe a través de la experiencia, no siempre de manera grata.
El ignorante reconoce su carencia y está dispuesto a aprender y superarse; el necio, en cambio, mantiene la mente cerrada y conforme a sus propios planteamientos, muchas veces tan arraigados que le impiden aceptar su desconocimiento.
D.V. Torres

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