En ocasiones, se vuelve incomprensible que haya gente con una fructífera profesión, rodeada de amistades, familia, incluso pareja y hasta en una estable situación económica; sin embargo, este tipo de gente, aún, se inclina por tratar de generar perturbación a otra gente. Si, supuestamente, su patrimonio laboral, afectivo y social le otorga "felicidad", llegando a vanagloriarse de su dicha, es inequívoco que el sujeto que actúa con esta clase de prácticas deleznables, no ha aprendido a valorar, básicamente, lo que posee ni le acompaña en su existencia. Por lo tanto, es indiscutible que el problema indica ser personal. Es contradictorio e imposible intentar ofender, manipular o dañar cuando se está, realmente, bien por dentro. No hay justificación ni motivo para ello. Tal felicidad, probablemente, sea superficial y efímera, material y a causa de placeres o estimulos primarios. Sus relaciones, por difícil y duro que sea reconocerlo, no son honestas ni edificantes. En conc...